Cuando era mucho más joven que ahora, lo que más me atraía de las mujeres era el culo.
A medida que fui madurando mis preferencias fueron cambiando.
Algunos años atrás, lo que más me impresionaba eran las tetas.
Hoy, ya maduro, los ojos son lo que más me llaman la atención. No concibo una mujer bonita sin unos bellos ojos.
Se observa claramente que el objeto del deseo se ubica cada vez más arriba, anatómicamente hablando.
No es de extrañar que cuando sea un poco más viejo, lo que más me guste de las mujeres sea algo que está por encima de sus cabezas.
Dolorosas verdades del ser venezonano
Hace 3 días
